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lunes, 23 de agosto de 2010

Deberia irme a dormir - Log 2.

En vistas de que sigo teniendo problemas con el final del cuento que estoy escribiendo (esta por ahí ese final, no se preocupen que ya lo voy a encontrar) y de que quiero actualizar una vez por semana, voy a hacer lo mismo que la vez pasada. Por los comentarios que dejaron me dio la impresión de que por lo menos no odiaron lo que hice. Mientras no me pidan que salga a cantar afuera de la ducha*, está todo bien. Así que voy a escribir lo que pasa por mi cabeza en este momento, y sus alrededores.

Son las 4 a.m, y debería irme a dormir. Me convenzo de acostarme al dar vuelta esta página, al terminar el capitulo, pero entonces leo sus últimas líneas: "Y con tanta ciencia una inútil ansia de tener lastima de algo, de que llueva aquí adentro, de que por fin empiece a llover, a oler a tierra, a cosas vivas. Si, por fin a cosas vivas."* No, no me puedo ir a dormir después de eso. Necesito seguir hasta que las palabras amaguen a ser tediosas, lo necesario para darme unos segundos de desatención y razonar que el libro va a seguir ahí mañana, no necesariamente esperándome pero tampoco creo que vaya a huir de mi. Envidio a las personas que pueden tener un monologo interior en paz, porque enseguida una voz en mi cabeza me indica que quizás sea yo el que no este acá mañana para agarrar el libro.

No, evitemos caer en las fatalidades en las que se le teme a las vueltas de la vida y a ese auto que algunos están convencidos, los va a atropellar si no miran tres veces antes de cruzar la calle (derecha, izquierda, derecha de nuevo). No estoy hablando de eso. Además la vida tiene un sentido del humor bastante irónico, y va a esperar pacientemente a que uno de ellos mire tan solo dos veces antes de cruzar, y entonces lo embestirá. El hombre, ahora reducido a nada sobre la calle, va a levantar su brazo por sobre el asfalto todo lo que pueda, y con un índice tembloroso elevado como quien da un sermón, pronunciara como una excusa para el que conducía, o capaz solo para sí mismo: "Yo sabía que debería haberme fijado tres veces", y se alegrara de que esas sean sus últimas palabras. En su camino al cielo quizás no se anime a cruzar las nubes por miedo a chocar con un avión. Habrá vivido encogido, enfrentado la vida con miedo y encarado la felicidad de la misma manera. Pero por lo menos se habrá castigado.

Si menciono a estas personas es solo para identificarlas y poder alejarse de inmediato, su miedo es altamente contagioso. Cuando ellos ven unas sombras en un rincón oscuro no piensan en dos enamorados refugiándose del mundo, sino en el escondite de alguien preparado para atacarlos. Cuando alguien camina cabizbajo cerca de ellos no se preguntan si estará teniendo un mal día, recuerdan el índice de robos. Cuando se paran sobre una montaña no se asoman para sentir el viento, cuentan los pasos que los separan del borde. Siempre me pareció el colmo de lo absurdo. Es mantenerte en forma para después encadenarte los pies, es plantar una flor y guardarla en un frasco de vidrio, es conservar la vida solo para ver más nítidamente como se nos va. Y es triste que tantas personas no lo entiendan.

Por supuesto que yo voy a estar acá mañana, pero si no llego a estar les aseguro que no voy a ser consciente de mi ausencia. Aun si llego a estar consciente de ella... pues no estaría ausente entonces. ¿Ven que fácil es despreocuparse? No solo fácil, sino lógico, un tipo especial de lógica que los que no la entienden llaman locura, y los locos nos reímos en sus caras porque a nosotros, tal como a la vida, nos gusta la ironía.

Pero al parecer termine hablando de aquello de lo que no quería hablar, como me pasa siempre, y al final no les dije a que se refería mi subconsciente con que quizás yo no este acá mañana. Podría explicarlo todavía, pero ya no parece tan importante.



*A ver quien sabe de donde son estas dos.

jueves, 19 de agosto de 2010

Una de esas noches - Log 1.

Esto no es un cuento. Seria más bien lo que escribiría en un diario, si tuviera uno. Así que pretendamos que tengo un diario. Pero no de esos que empiezan con "Querido diario". No me gustan esos.

"Man's mind,stretched to a new idea,never goes back to it's original dimension - La mente del hombre, estirada a una nueva idea, nunca vuelve a su dimension original"
-Oliver Wendell Holmes*

Hoy es una de esas noches. Me pasa cada tanto. Veo una película, comprendo una idea, sospecho una verdad, termino una historia, doy vida a un personaje, entiendo al hombre detrás de la máscara. Los ojos ciegos bien abiertos* mientras miro a la nada y a todo a la vez, en un ingenuo intento de ver un poco mas allá, apenas mas. Alguien pasando por ahí pensaría que estoy buscando una respuesta en el polvo que se junta en la unión de los sócalos de la pared de mi cuarto. Da lo mismo a donde mire, solo trato de ver entera esa imagen que ahora me doy cuenta, estuvo siempre en algún lugar esperando a que la encontrara.

Mi mente se estira hasta límites insospechados como un elástico, y siento como mi interior se ajusta eufórico al cambio. Rara vez abandono el cómodo escudo de la lógica fría, pero cuando lo hago mi espíritu me lo agradece. Por unas horas soy radical, soy un pacifista, soy un soñador o soy leal a causas que jamás hicieron nada por mí. Tengo esperanza en todo lo que vale la pena tenerla y mis convicciones son de acero. De repente morir por mantener en pie una idea suena no solo noble, también correcto, pero más correcto aun suena evitar a toda costa que alguien mate en su nombre. Entendí por un momento a los revolucionarios dispuestos a poner una bomba donde su corazón lo indique, y me enorgullezco un poco de eso en secreto.

Pero esto no dura mucho. Nadie puede vivir iluminado, por razones prácticas. Después de un rato un instinto natural de supervivencia que está en todos nosotros comienza a actuar, el olvido. Me convenzo de que las cosas no fueron tan así, de que claramente exagere, de que por alguna razón solo en las películas la idea es superior al hombre. Hasta lamento un poco haber gastado tanto tiempo mirando el polvo que se junta en el sócalo, y sé que la musa que me visito ahora llora en algún lado por mi traición. Hace unos momentos había jurado defenderla y ahora ya la estaba olvidando.

El mundo es cínico de nuevo y yo no me puedo quedar atrás, los ideales son pisoteados como banderas de otra época y como siempre, probablemente no haga más que quejarme un poco cuando vea a la gente marchar sobre ellas. Mi mente se achica, los horizontes se contraen, es cierto. Pero no vuelven a su forma original, se alargaron un poco. Como un molde que se intento ajustar a otra figura, se deforman, pero se deforman para bien. Ahora quizás hable un poco más fuerte cuando vea una multitud pisotear esas banderas, quizás les exija un mínimo de respeto hacia ellas que solo estaban ahí para darnos un propósito, para que nuestras vidas fueran algo más que respirar y dormir. De esa manera me vuelvo un poco más como quisiera ser. Cada vez estoy más cerca de poder sostener ese momento en que mis acciones coincidan con mis ideales, en que tenga la imagen que busco siempre, clara en la cabeza, y que no se escape en cuanto yo vacile. A veces pienso que eso es crecer, aunque la mayoría piense que crecer es justo lo contrario. Pero no, ellos no crecen.

Envejecen.



* Me pregunto quién entenderá la referencia. Voy a empezar a poner asteriscos cuando haga referencias de ahora en más. El que las adivine se lleva un premio. Mentira, solo mi respeto. Qué premio miserable, no?

*ACTUALIZACION: 26 de agosto. Acabo de encontrar la cita de este tipo, Oliver Wendell Holmes, que CLARAMENTE viajo en el tiempo, leyo mi escrito, volvio a su tiempo y dijo eso robandome mi idea. Yo escribi "Mi mente se achica, los horizontes se contraen, es cierto. Pero no vuelven a su forma original, se alargaron un poco. Como un molde que se intento ajustar a otra figura, se deforman" sin leer antes su cita, y son demasiado parecidas como para ser coincidencia. Unica conclusion posible, existe una maquina del tiempo. Ahora solo es cuestion de encontrarla y usarla para...