miércoles, 21 de septiembre de 2011

marinero


La lluvia no me dejaria dormir tampoco esta noche. Como siempre, subi a cubierta a que la luna me hiciera comañia, y yo a ella. Papa solia decir que se sentia tan sola como nosotros, si no mas. El me enseño a hablarle. Durante el dia me mostraba como llenar las redes de peces y durante la noche a como darles las gracias. Se sentaba sobre una piedra negra en la orilla, sus tobillos sumergidos en el agua helada. Con una botella oscura en una mano, y un libro gastado en la otra, les leia poemas a los peces. Les hablaba de cosas que nunca entenderian, lugares mas alla del mar. De las razones que llevaban a los hombres a caminar lejos, y de las que los ataban a un lugar de por vida. A veces lloraba. 

Yo me sentaba junto a el, en un silencio reverencial. De esos que sostienen los niños cuando sienten que algo importante esta pasando y no quieren asustarlo. Despues de terminar la botella, arrancaba un poema de entre las hojas del libro, lo enrrollaba dentro, ajustaba el corcho con manos serenas y lo arrojaba al mar. El dia que se acabaron las hojas dejo de leerles a los peces. Dejo de tomar de las botellas y de llorar. De ahi en adelante solo lleno las redes, y me dijo que me fuera cuanto antes.

Cuando veo una botella flotando a la deriva, jamas me animo a abrirla. 

2 comentarios:

  1. Hermoso.
    Dejo un tema para acompañar:
    http://www.youtube.com/watch?v=0put0_a--Ng

    Un beso! me encanta tu blog!!

    ResponderEliminar
  2. Si me encunetro una botella, no te cuento que traía dentro.

    Muy bueno. SI te interesa, podés pasar por mi blog y ver un poco de lo que compartimos :)

    ResponderEliminar

Hablame, quiero saber que pasa por tu cabeza.